Sandra Mihanovich habló de todo con Teté Coustarot para el Semanario Democracia: su vida después de donarle un órgano a su ahijada, sus proyectos, su trayectoria y cómo llegó a ser una de las intérpretes más destacadas de nuestro país. Imperdible…
Sandra Mihanovich charló mano a mano con Teté Coustarot para el Semanario Democracia donde contó el episodio que, aunque fue fuerte, no cambiará su vida. A cuatro meses de haberle salvado la vida a su ahijada, Sonsoles Rey, planea seguir cantando y ya tiene diagramada su temporada de verano que incluye destinos como Mar del Plata, Punta del Este y Córdoba.Tampoco cambió nada que su relación con Marita, la mamá de Sonsoles, haya tenido trascendencia mediática a raíz del trasplante. “Yo nunca hice ostentación de mi vida privada, pero tampoco la oculté”, cuenta. Y recordó: “En una ocasión me dijeron que había salido del closet; yo no estaba en ningún closet, simplemente lo que hice fue vivir”. La frase parece haber sido sacada de alguna de las canciones que transformó en himno, como “Soy lo que soy”, la versión en castellano de “I am what I’ am”, de la cantante estadounidense Gloria Gaynor.–Un fin de año muy intenso para vos. ¿Imaginabas un 2012 así?–Para nada. Venía escuchando cosas relacionadas al 2012 respecto de las profecías mayas, lo karmático, lo espiritual, las energías, pero nunca pensé que me iba a tocar tan en carne propia. Tampoco imaginé que me iba a marcar tanto. Fue algo bastante impresionante todo lo que me tocó vivir; honestamente, lo vivo como parte de un milagro. Una cosa es desear hacer algo, pero de ahí a poderlo concretar, a que todas las compatibilidades funcionen... pero compatibilidades básicas y más, porque es como si fuéramos más que consanguíneas con Sonsoles. Por otro lado está la historia, porque soy su madrina desde que nació, hace 35 años. Ella me cargaba porque si sos madrina de la hija de una amiga el vínculo es más fluctuante, a diferencia de una tía, por ejemplo. Me veía en la tele y decía: “Esa es mi madrina”, y medio se quejaba porque no tenía ninguna ventaja por ser mi ahijada. El vínculo se estrechó desde hace 4 o 5 años, se intensificó un montón; llegaron los tiempos en que tuvo que estar internada para hacerse estudios, así que pude estar con ella.–O sea que no se te había pasado por la cabeza. –Empecé a pensar en esto un año atrás más o menos, cuando ella llegó a la Argentina. Estaba jodida, se internó por una gastroenterocolitis, cosa que para una persona transplantada es más complicado. En ese momento León, su hijo, cumplía un año y yo dije: “A este chiquito se le va a morir la mamá”. Lo sentí. Estuvo todo el verano internada porque hizo doble rechazo, entre otros conflictos, y se me ocurrió pensar: “¿Y si yo puedo?”. Sentí que era soltera, que no tenía hijos, que tengo 55 años, que estoy sana, que es mi ahijada, que el vínculo del amor es muy fuerte y que, si yo podía, por qué no. Te juro que a medida que fuimos averiguando que se podía fue algo muy natural.–Eso se notó. Fue una instancia totalmente carente de dramatismo. –El gran susto de Sonsoles era tener que hacer diálisis otra vez porque eso te va consumiendo de a poco. Ella había hecho dos años antes del primer trasplante y con este ofrecimiento mío zafó, llegamos a tiempo: ni un solo día tuvo que hacerse diálisis. Todo funcionó muy fluidamente: la parte médica, la parte legal. –Claro, hubo que pedir una autorización porque vos no sos consanguínea. –El Incucai regula todo eso para evitar el comercio. En esos casos, es necesario atestiguar que existe un vínculo porque la donación es altruista. Si bien todo fue muy rápido e impecable, respetando todos los pasos, había que mostrar que se había hecho todo por derecha y que no me habían hecho gancho porque era Sandra Mihanovich. –Recuerdo la noticia, cómo el país estuvo pendiente, y también a vos saliendo del sanatorio y enfrentando a la prensa. Fuiste muy calma; manejaste la situación en todo momento. –Me súper sorprendió cuando al día siguiente de la operación, después de estar en terapia intermedia, la hermana de Marita me dijo: “Olvidate, gordita, estás en todos los noticieros”. Eran títulos y noticias cada media hora, no lo podía creer. A medida que iban pasando las horas se fue montando una guardia en la puerta del Hospital Alemán. Yo me operé un lunes y salí un jueves; podría haber salido el miércoles, pero pensé que era bueno quedarse una noche más. Igual desde el segundo día ya no tenía inconvenientes para pararme e ir al baño; fue muy rápida la recuperación. – ¿Sentís algún tipo de diferencia? –Ninguna. Tengo una cicatriz bastante grande porque es necesario sacar el riñón sano y entero. El médico me dijo que al instante que se lo pusieron empezó a hacer pipí. Es distinto con un cadavérico, porque el órgano está un determinado tiempo sin funcionar; en este caso no estuvo funcionando por segundos, porque apenas me lo sacaron lo llevaron al otro quirófano donde estaba ella. El primer día hizo ocho litros de pis.–Impresionante todo lo que se ha generado alrededor de esto.–Totalmente. Me escriben, me cuentan. El otro día contesté un mail de alguien que estaba a esperando hace mucho tiempo y que finalmente va a recibir el riñón de su mamá. Se van perdiendo los miedos, se animan, porque es algo que da miedo a priori. Yo tengo la enorme suerte de que no soy nada aprensiva; no me preocupa si me sacan sangre, ni mirar.–¿Sonsoles está en Brasil ya?–Se acaba de ir. –¿Cómo está? –Está fantástica. Estuvo una semana en Cariló con el marido y el hijo porque la suegra tiene una casa allá. Le dieron 10 días de libertad porque hasta ahora tiene que hacer controles periódicamente; además tiene que tomar medicación de por vida para no hacer rechazo, está inmunodeprimida. Son detalles que hacen al estado de un trasplantado. –Pensaba también que en algún momento vas a tener que unir las cosas, supongo que habrá algún tema que cantarás o algo. –En el disco nuevo hay una canción que se llama “Leozinho”, de Caetano Veloso. León, el hijo de Sonsoles, nació un mes antes por cesárea y con 1 kilo y medio por una preeclampsia que tuvo ella; estuvo complicada. El bebé estuvo en la incubadora, y cuando ella y Mati iban a verlo, hablaron sobre esa canción. Me metí en Youtube para escucharla y me encantó, así que la empecé a sacar con la guitarra. Se me ocurrió traducirla y cantárselas a los chicos cuando volvieran del sanatorio. Lloraba mientras la cantaba. Mientras lo hacía me grabaron con una cámara. Después de eso conocí una persona que hoy es mi amigo, el diseñador de la tapa de mi último disco, que tiene una página web que se llama muchosdiasfelices.com.ar, donde propone a los artistas subir lo que para ellos fue un día feliz. Yo elegí subir ese video. Durante todo el año pasado, mientras estaba eligiendo las canciones para el disco, pensé que tenía que cantar esa canción por lo bella y porque significaba mucho para mí. Al cantarla en castellano le tenía que pedir permiso a Caetano.–Siempre tuviste una cosa fantástica con la elección de los temas, porque te pueden encantar, pero no coincidir con lo que le pasa a la gente.–Fue mágico para mí también.–“Soy lo que soy” es un ejemplo.–Hasta el día de hoy me maravilla que se me haya ocurrido grabarla. Era todo muy tirado de los pelos, porque era una canción en inglés, y yo tenía ese prejuicio de pensar que era choto el inglés en castellano. Cuando la escuché por primera vez me dije: “Quiero grabar esta canción”, pero no tenía ningún sentido cantarla en inglés. Había escuchado la versión original y sabía que no la iba a cantar mejor que Gloria Gaynor, nadie iba a entender y lo más importante es, justamente, lo que se dice. –Ese tipo de canciones quedan como himnos. –Sí, la grabé en 1984, una época de ebullición en Argentina. Pasó después algo parecido con “Honrar la vida”, tema que grabó Marilina para “Atreverse”, el programa de Doria. A mí me tocó hacer otra canción de Eladia Blázquez, “Prohibido prohibir”. Después de su muerte, el 31 de agosto de 2005, hice unas presentaciones en el Opera que derivaron en “Creciendo”, un disco en vivo. Allí canté por primera vez “Honrar la vida”, medio atragantada porque Eladia acababa de morir; fue la primera vez también que invité a Lito Vitale. En el 2009 grabé el disco “Honrar la vida”, con 15 canciones de Eladia, un homenaje que siempre quise hacer. Es uno de mis grandes orgullos porque siento que su repertorio me completó; me cierra mi identidad como argentina a través de su poesía.–Tenés una temporada por delante: ¿qué vas a hacer?–Vamos a hacer Mar del Plata, aunque todavía no tengo definidas las fechas. Punta del Este, La Falda y a lo mejor San Martín de los Andes son otros de los destinos. –Hablemos un poco de tu familia, de tu divina mamá, de tu hermano Vane. Son muy unidos, ¿no? –Con mi hermano somos muy unidos. Nos hemos peleado un montón, pero tanto en la vida como en lo profesional siempre estuvimos muy cerca. A su vez, es papá de Sol y Sebastián. Los dos están casados y Sol la tiene a Elina, que tiene un año y medio. –Sol está cantando también.–Presentó disco nuevo en Velma Café. –La saga familiar continúa. Me encanta cuando estás con Vane en un escenario. –Nos divertimos. –Pero él te mira de una manera especial. –Vane además fue el autor de “Falta poco tiempo”, la publicidad de Jockey Club. Yo aparecía en la publicidad y además estaba Julio Chávez; fue dirigida por Luis Puenzo. Fue un lindo lento.La nota completa en el Semanario Democracia de esta semana que ya está en todos los kioscos.(diarioshow.com)


No hay comentarios
Publicar un comentario