Brasil ya está votando. Desde las 8 de la mañana, más de 158 millones de ciudadanos están habilitados para elegir al próximo presidente en una segunda vuelta que enfrenta al mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores, con el senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal. Uno de los primeros en pasar por las urnas fue justamente el candidato opositor, que votó cerca de las 8.20 en Río de Janeiro, bajo la lluvia y acompañado por su esposa, y aseguró que llegó "el momento del cambio" para el país. Las mesas cerrarán a las 17, que en esta época coincide con la hora argentina.
La pelea llega en un empate técnico. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro se impuso con algo más del 47% de los votos frente a cerca del 45% de Lula, y las últimas encuestas lo mantienen arriba por apenas un punto, una diferencia que queda dentro del margen de error. Si el presidente logra dar vuelta el resultado, haría algo inédito: desde el regreso de las elecciones directas en 1989, nadie que haya perdido la primera vuelta consiguió llegar al Palacio del Planalto.
Los analistas coinciden en que la clave estará fuera de los núcleos duros. Según un relevamiento de O Globo, unos 48,1 millones de electores no eligieron a ninguno de los dos finalistas en la primera ronda, ya sea porque votaron a otros candidatos, anularon, votaron en blanco o directamente no fueron a votar. La abstención rondó el 21% a nivel nacional. También se mira con lupa a Minas Gerais, el segundo distrito más poblado, con 16,3 millones de votantes: ningún presidente desde el fin de la dictadura ganó sin imponerse allí, y en octubre Bolsonaro sacó cinco puntos de ventaja.
Las propuestas no podrían ser más distintas. El hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, que cumple una condena de 27 años bajo arresto domiciliario por el intento de golpe, centró su campaña en la seguridad: prometió declarar la guerra al "narcoterrorismo" desde enero y penas de hasta 80 años para los jefes de organizaciones criminales. Lula, que en dos días cumple 81 años y busca su cuarto mandato, planteó la elección como una "defensa de la democracia" y apostó a medidas sociales, como un aumento del 15% en Bolsa Família y la rebaja de impuestos a la nafta.
La jornada también se sigue con atención en la Argentina. En Brasilia, según publicó La Nación, el gobierno brasileño trabaja con la hipótesis de que Javier Milei podría no reconocer una eventual victoria de Lula, después de que el Presidente insinuara esta semana que el PT podría "robarse la elección". Del otro lado, el exministro Sergio Massa publicó una foto con el mandatario brasileño y le expresó su apoyo en la previa de los comicios.
Los mercados ya hicieron su apuesta. Analistas citados por TN señalan que los inversores se inclinan por un triunfo de Bolsonaro, que propone un ajuste fiscal rápido de entre 200.000 y 250.000 millones de reales. Alberto Ramos, de Goldman Sachs, advirtió que el país necesita con urgencia un cambio en su política fiscal, gane quien gane. Para la Argentina, el resultado impactará en la competitividad del peso frente al real, en el comercio con el principal socio del Mercosur y en el flujo de inversiones hacia la región.
El operativo de seguridad, con participación de la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea, busca garantizar la votación y el conteo. Como en la primera vuelta, el Tribunal Superior Electoral empezará a difundir resultados oficiales poco después del cierre de las urnas gracias al voto electrónico, por lo que el nombre del ganador podría conocerse en las primeras horas de la noche. Con un país partido por la mitad, el gran interrogante es si el perdedor aceptará el veredicto sin cuestionamientos.
Con información de Infobae, La Nación y TN


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