La obra de infraestructura energética más grande de la Argentina en décadas está a punto de completar su primera etapa. El oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), que unirá los yacimientos neuquinos con la costa atlántica de Río Negro, alcanzó un avance general del 85% y en las próximas semanas terminará lo que en la industria se llama "terminación mecánica" de la fase inicial. El proyecto reunió a nueve petroleras y una inversión de 3.000 millones de dólares, y está pensado para convertir al país en un exportador de crudo de peso global.
Los números son impactantes. El caño principal, ya terminado, mide 437 kilómetros y fue construido por Techint y Sacde entre Allen y Punta Colorada, con una estación de bombeo en Chelforó y otras dos en construcción. El llenado arrancará en enero de 2027 con 180.000 barriles diarios y las exportaciones comenzarán a fines de marzo. Durante 2027 la capacidad subirá a 390.000 barriles por día, lo que permitiría vender al exterior por más de US$ 5.000 millones en el año, aun con un precio conservador de 70 dólares por barril. En 2028 llegará a su tope de 550.000 barriles diarios.
La urgencia por terminarlo tiene una explicación económica. Hace dos años se calculaba que cada día sin esta obra el país perdía exportaciones por unos US$ 40 millones; con la guerra en Medio Oriente y la suba del petróleo, esa cifra se acerca a los US$ 60 millones diarios. Por eso, el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, puso al frente del proyecto a su vicepresidente de Infraestructura, Gustavo Gallino, con la misión de acelerar los tiempos de construcción. Gallino ya había conducido entre 2022 y 2023 la construcción del gasoducto hoy llamado Perito Moreno.
En la cabecera de la costa se levantan cinco tanques de almacenamiento que se ven a diez kilómetros de distancia en plena estepa. Cada uno tiene 83 metros de diámetro y una capacidad de 120 millones de litros, y en conjunto guardarán el equivalente a tres días de producción de Vaca Muerta. El consorcio que financia la obra está integrado por YPF, Vista, Pluspetrol, Pan American Energy, Pampa Energía, Tecpetrol, Shell, Chevron y la neuquina Gas y Petróleo del Neuquén.
El impacto local también se hace sentir. Por impulso del gobernador Alberto Weretilneck, entre el 70% y el 80% de los trabajadores fueron rionegrinos: se contrataron más de 2.000 y más del 80% de los servicios y herramientas menores se compró a empresas de la provincia. Se pagaron US$ 240 millones en salarios y US$ 300 millones en productos y servicios locales, y el mandatario consiguió además que las petroleras aporten un bono de US$ 100 millones para obras de infraestructura. "Las grandes obras de infraestructura le cambian la vida a la gente", resume Gallino.
La parte marítima es otro desafío. Desde la terminal, una estructura submarina llevará los caños entre cinco y ocho kilómetros mar adentro hasta dos monoboyas fabricadas en Emiratos Árabes Unidos, que el mes pasado lograron cruzar el Estrecho de Ormuz. Allí amarrarán los superpetroleros conocidos como VLCC, capaces de cargar hasta dos millones de barriles por viaje durante unas 40 horas. Al operar en aguas profundas podrán llegar buques más grandes, lo que reducirá entre 3 y 4 dólares por barril el costo de los fletes.
El paisaje cuenta su propia historia: a pocos kilómetros se ven los silos de la mina de hierro Hipasam, que cerró en 1992 y dejó a Sierra Grande sin su principal fuente de trabajo. Ahora, con el VMOS, el proyecto de gas licuado Southern Energy y los preparativos de Argentina LNG de YPF junto a la italiana ENI y la emiratí Adnoc, el Golfo San Matías se prepara para un fuerte aumento de empleo. El próximo hito será el inicio del llenado en enero y el primer embarque de exportación a fines de marzo.
Con información de Clarín
Foto: Clarín


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