Flávio Bolsonaro rompió el silencio después de abandonar Brasil en medio de una causa judicial. Desde Estados Unidos, el senador y excandidato presidencial del Partido Liberal encabezó una transmisión de unos 20 minutos por Instagram en la que se presentó como víctima de una persecución política, sostuvo que su salida "no es un signo de debilidad" y puso en duda el resultado del balotaje que perdió frente a Luiz Inácio Lula da Silva, al que calificó de "matemáticamente imposible", sin aportar pruebas.
Según su relato, todo se precipitó el lunes, cuando fue a visitar a su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, que cumple arresto domiciliario. Allí, agentes de la Policía Federal le notificaron que el juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal, había ordenado retirarle los pasaportes en una investigación por presunto lavado de dinero. "Papá, la persecución ha comenzado", dijo que le contestó a su padre. Aseguró que la decisión de irse la tomó con su esposa, Fernanda Bolsonaro, sin que nadie más lo supiera, y pidió no señalar a otras personas.
El recorrido de la salida ya está reconstruido en parte. El 27 de octubre, el legislador entró a la Argentina por el Puente Internacional Tancredo Neves, en Misiones, con su esposa y sus dos hijas. Esa misma noche, a las 23.30, subió a un avión privado en Puerto Iguazú rumbo a Guayaquil, y desde Ecuador siguió viaje hasta Miami. La Dirección Nacional de Migraciones informó que la familia presentó documentación válida y no tenía impedimentos para ingresar, y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, insistió en que no existían alertas internacionales en su contra, mientras que la Policía Federal brasileña dijo no tener registro oficial de su salida.
La otra voz fuerte del día llegó desde Atlanta, donde el secretario de Estado Marco Rubio recibe a los cancilleres del G20. Consultado por la prensa, explicó que Flávio "ya disponía de un visado" y que el presidente Donald Trump decidió permitirle la entrada, pero remarcó que el Gobierno estadounidense "no participó directamente" en la organización de la salida. Sin embargo, según The New York Times y The Wall Street Journal, citados por Folha de S.Paulo, el asesor de Trump Jason Miller ayudó a conseguir el jet privado en contacto con Eduardo Bolsonaro.
En la transmisión, el senador agradeció los cerca de 60 millones de votos que obtuvo y acusó a Lula de usar recursos del Estado en la campaña, como la suba de la Bolsa Familia antes de los comicios. Lo comparó con "goles con la mano" que el VAR no anuló. También pronosticó que la economía de su país "va a quebrar" bajo el nuevo mandato. Y lanzó una advertencia: piensa volver a competir por la presidencia, "no en 2030", sino antes. La ley brasileña prevé nuevas elecciones directas si la Justicia anula por abuso de poder la candidatura ganadora dentro de los dos años posteriores.
Su padre, en tanto, envió un mensaje de otro tono a través de la ex primera dama Michelle Bolsonaro, ya que tiene prohibido usar redes. Jair pidió "unión y no buscar culpables" tras la derrota y dijo que le entristecen las versiones que hablan de divisiones internas. En la derecha brasileña ya asoman otros nombres para heredar ese caudal de votos, como el gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, y la propia Michelle.
El caso deja abiertos varios frentes. En la Argentina, la jueza federal María Eugenia Capuchetti abrió una investigación sobre el paso del senador por el país, y la relación con Brasil sigue en su punto más bajo, con ambas embajadas a cargo de encargados de negocios desde agosto. En Brasil, la causa por lavado continúa y la mirada estará puesta en qué hará De Moraes ahora que el investigado está fuera de su alcance, y en si Washington mantiene su distancia pública del episodio.
Con información de Infobae, TN, Folha de S.Paulo y El Universo.
Foto: Infobae.


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