Ni la Argentina ni Brasil emitieron hasta ahora un pronunciamiento oficial sobre la salida de Flávio Bolsonaro desde el aeropuerto de Puerto Iguazú. El mutismo llama la atención después de que ambos presidentes se cruzaron duramente durante la campaña brasileña: Javier Milei fue más agresivo en el tono y Lula da Silva más filoso en sus descripciones sobre el argentino.
En Casa Rosada decidieron no mover el avispero por el momento. No habrá comunicación oficial sobre el senador del PL. Tampoco esperan declaraciones de Donald Trump para definir una postura, y no se registran repercusiones internas por la distancia que marcó Patricia Bullrich respecto de la posición del presidente.
En Brasil el caso exige una respuesta quirúrgica. Eso podría explicar por qué Lula todavía no habló formalmente de la huida. ¿Puede Itamaraty ser duro con la Argentina por haber permitido el tránsito y no serlo con Estados Unidos, que organizó la operación y le dio asilo? Además, ¿dónde está Edoardo Bolsonaro? Por ahora Lula solo dejó una frase: el que huye es porque tiene algo que ocultar.
Quién moverá primero las fichas
La frase de Lula marcó un matiz claro: él se quedó en Brasil a enfrentar la Justicia, Flávio se fue. La postura pública brasileña quizás no sea virulenta, pero las consecuencias sobre la relación bilateral podrían ser concretas. En Buenos Aires prefieren el silencio absoluto.
Mientras tanto, en ambos lados de la frontera se pregunta qué están esperando para hablar y quién dará el primer paso. El avión partió a las 00:22 del miércoles desde Iguazú con Flávio y su familia a bordo y todos hacen silencio.


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