La fuga de Flávio Bolsonaro dejó de ser un rumor y pasó a tener sello oficial argentino. En la madrugada de este miércoles, la Dirección Nacional de Migraciones confirmó que el senador brasileño, derrotado el domingo por Luiz Inácio Lula da Silva, entró al país por tierra junto a su esposa y sus dos hijas y, apenas 40 minutos después, subió a un avión privado en Puerto Iguazú. Según pudo saber La Nación, el asesor presidencial Santiago Caputo estaba en Misiones en el momento del despegue, un dato que multiplicó las sospechas sobre el papel de la Casa Rosada en la maniobra.
El comunicado oficial, publicado en X a las 2.01, detalla que a las 22.50 del martes cruzaron el Puente Internacional Tancredo Neves cuatro personas: Flavio Nantes Bolsonaro, Fernanda Antunes Figueira Bolsonaro y las hijas de ambos, Carolina y Luiza, "con documentación hábil de viaje sin ningún impedimento legal". A las 23.30, siempre según Migraciones, la comitiva abordó un vuelo despachado por la empresa Baires Fly S.A. con destino declarado a Guayaquil, Ecuador. El Gulfstream G400 matrícula LV-JQW, que esperaba en la pista desde el lunes a la noche, despegó finalmente a las 0.21 de este miércoles.
El cruce tuvo ribetes de película. Dos combis con vidrios polarizados de la firma brasileña Iguaçu Dallas Travel pasaron la frontera pasadas las 23 y fueron escoltadas a toda velocidad por un patrullero de la Policía de Seguridad Aeroportuaria hasta la misma pista del aeropuerto misionero. En una de ellas viajaba el senador, con gorra, en los asientos de atrás. El dato llama la atención porque el martes a la mañana el mismo organismo había asegurado que no tenía registrado ningún ingreso de Bolsonaro, y porque durante todo ese día el Gobierno negó estar al tanto de cualquier operativo.
Las reacciones no tardaron. Lula, que el martes cumplió 81 años, calificó de "vergonzosa" la salida de su rival: "Quien no debe, no teme. Quien sale escondido de su país, debe alguna cosa", disparó, y recordó que él eligió entregarse y pasar 580 días preso para probar su inocencia. Desde Washington, Donald Trump dijo antes de subir al Air Force One que había escuchado que Flávio "estaba en la Argentina" y que aprobaría su ingreso a Estados Unidos porque, a su juicio, se trata de "personas decentes". En las redes, las cuentas libertarias festejaron toda la madrugada.
Las consecuencias políticas para el Gobierno pueden ser serias. El juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal, había prohibido el lunes que el senador saliera de Brasil y le ordenó entregar sus pasaportes, en el marco de una investigación por presunto lavado de dinero ligada al abogado Willer Tomaz, amigo del legislador, y a movimientos de fondos en el negocio de las apuestas. Desde la gestión de Javier Milei sostienen que en la frontera no saltó ningún pedido de captura, aunque medios brasileños señalan que Flávio tendría documentación europea.
Mientras todo esto ocurría en Misiones, el Presidente, su hermana Karina Milei, el jefe de Gabinete Diego Santilli —de quien depende Migraciones— y el ministro Luis Caputo estaban en Catamarca para inaugurar plantas de la minera Río Tinto. Santiago Caputo, en cambio, publicó un mensaje sin nombrar al brasileño en el que calificó la cobertura periodística del día como "uno de los papelones más grandes del periodismo mundial". El director de Comunicación Digital de la Presidencia, Juan Pablo Carreira, fue más explícito y celebró que Flávio estuviera "a salvo".
Ahora la atención está puesta en el último tramo del viaje. Según AFP, el avión cargó combustible en Guayaquil y volvió a despegar media hora después, con una ruta que evitó el espacio aéreo brasileño. De acuerdo con O Globo, el destino es el aeropuerto de Opa-locka, en Miami, donde lo espera su hermano Eduardo Bolsonaro, que tiene una orden de detención en Brasil. El Departamento de Estado ya confirmó que la familia recibirá visas, mientras en la Argentina crecen las preguntas sobre quién organizó y quién sabía de antemano la logística del escape.
Con información de Infobae, La Nación, Clarín y TN


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