La industria autopartista argentina sigue perdiendo piezas, en sentido literal. Según datos de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes, conocida como Afac, entre 2024 y lo que va de 2026 cerraron 15 empresas del sector, casi el doble que en los cuatro años anteriores. El resultado es que hoy ya no se fabrican en el país, al menos con las exigencias que piden las terminales automotrices, productos como sistemas de frenos, airbags, embragues o motores de arranque. La radiografía, publicada por Clarín, muestra un retroceso que no se frenó en la era de Javier Milei.
Los números de largo plazo son todavía más elocuentes. Desde 2009 hasta hoy desaparecieron del mapa local 65 autopartistas, lo que dejó sin producción nacional rubros enteros que antes abastecían a las fábricas de autos. Entre 2020 y 2023 habían cerrado nueve firmas, mientras que el peor período reciente fue el de 2016 a 2019, con 22 empresas que dejaron de operar. Los 15 cierres de los últimos casi tres años son, por lo tanto, el registro más cercano a aquel momento crítico para el sector.
Uno de los casos más simbólicos es el de los mazos de cables, que agrupan y protegen el cableado que recorre los vehículos. El grupo alemán Kromberg & Schubert, especializado en sistemas eléctricos para la industria automotriz, anunció que cerrará sus puertas a fin de año, y con esa decisión se termina la fabricación local de ese componente. Se trata de un producto que requiere mucha mano de obra, un costo que en la Argentina resulta caro, por lo que a partir de ahora llegará sobre todo desde China.
En el sector explican que la caída tiene varias causas que se combinan. La primera es la sustitución de producción local por importados, con una participación cada vez mayor de piezas chinas, sobre todo en el mercado de reposición. A eso se suma una actividad económica débil: según el Indec, en agosto hubo un rebote casi imperceptible de apenas 0,1% frente a julio, un dato que confirma el estancamiento. La producción de vehículos, de la que dependen directamente los autopartistas, retrocede alrededor de 15%, y las exportaciones no alcanzan para compensar.
Otro factor que pesa es la falta de inversión acumulada durante años. Muchas plantas quedaron desactualizadas desde lo tecnológico y perdieron competitividad frente a proveedores del exterior. En varios casos, las casas matrices de empresas internacionales fueron perdiendo interés en el mercado argentino y, cuando las filiales dejaron de dar ganancias, directamente decidieron bajar las persianas. Los vaivenes de la inflación, el riesgo país y los cambios de reglas económicas de los últimos 15 años explican buena parte de esas decisiones de no invertir.
Desde el sector reconocen que hoy algunas variables macroeconómicas muestran cierta estabilidad, pero advierten que lo que más pesa es la fuerte apertura de las importaciones y la incertidumbre sobre lo que pueda pasar con las reglas de juego si cambia el gobierno. Para las fábricas que siguen en pie, el dilema es claro: invertir para modernizarse en un mercado que se achica o resistir con equipos viejos frente a una competencia importada cada vez más barata. Mientras tanto, cada cierre implica la pérdida de puestos de trabajo calificados y de proveedores pymes asociados.
Lo que viene dependerá en buena medida de la evolución del mercado automotor y de la política comercial del Gobierno. Si la producción de vehículos no repunta y las exportaciones no despegan, en el sector temen que puedan sumarse nuevos cierres y que la lista de piezas que dejan de fabricarse en el país seguirá creciendo. Para el consumidor, el cambio ya se nota en las góndolas de repuestos, donde las marcas importadas ganan terreno. Para la industria, el desafío es no perder el entramado productivo que tardó décadas en construirse.
Con información de Clarín


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