Israel amaneció sin ganador claro y con un Parlamento partido al medio. Con el 84,5% de las urnas escrutadas, el bloque que encabeza el primer ministro Benjamin Netanyahu reúne 54 bancas y la alianza opositora del ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot suma 49, según los datos parciales del Comité Central de Elecciones. Ninguno llega a las 61 que hacen falta para gobernar en la Knesset, de 120 escaños, y la gran sorpresa de la noche son los partidos árabes, que con 17 bancas quedaron en posición de árbitros de la próxima coalición.
El reparto interno muestra la fragmentación. Dentro del oficialismo, el Likud de Netanyahu ronda las 27 bancas, acompañado por el ultraortodoxo Shas de Aryeh Deri, Poder Judío de Itamar Ben Gvir, Sionismo Religioso de Bezalel Smotrich y Judaísmo Unido de la Torá. Del otro lado, Yashar, el partido de Eisenkot, lidera con unas 21 bancas, seguido por la lista del ex primer ministro Naftali Bennett, Los Demócratas de Yair Golan e Israel Beitenu de Avigdor Liberman. La participación llegó al 77,7%, la más alta desde 1999, con un fuerte repunte del voto en las ciudades árabes.
El dato árabe es histórico. La Lista Conjunta, que agrupa a tres fuerzas árabes y de izquierda, y el partido islamista Raam llegaron a tocar un récord de 19 bancas en uno de los recuentos parciales, muy por encima de las 10 que habían conseguido en 2022. "Quien quiera ofrecer una alternativa genuina al gobierno de Netanyahu tendrá que hablar con nosotros", advirtió Yousef Jabareen, presidente de la Lista Conjunta, que se declaró listo para "allanar el camino" y mandar a casa a Netanyahu, Ben Gvir y Smotrich.
Las reacciones de los dos grandes protagonistas no se hicieron esperar. Netanyahu habló ante sus seguidores en Jerusalén, pidió esperar los "resultados reales" y defendió un gobierno de "derecha fuerte" sin "los partidos árabes y antisionistas". También volvió a apuntar contra Irán y dijo que, junto a Donald Trump, tiene una "oportunidad única" de eliminar esa amenaza. Eisenkot, en cambio, sostuvo que los números reflejan "una desconfianza total" en el premier y en "el gobierno del 7 de octubre", en alusión al ataque de Hamas de 2023. Ambos reclamaron el derecho a recibir el encargo de formar gobierno.
La pelota ahora queda en manos del presidente Isaac Herzog, que tras la proclamación oficial deberá elegir a quién le encarga armar una coalición. El elegido tendrá 28 días, prorrogables por otros 14. Los escenarios van desde un acuerdo trabajoso, pasando por un gobierno de minoría sostenido por los árabes desde afuera, hasta un gobierno de unidad nacional como el que Netanyahu y Benny Gantz firmaron en 2020, o directamente nuevas elecciones, algo que el país ya vivió cuatro veces entre 2019 y 2021. Mientras tanto, Netanyahu sigue al frente de un gobierno provisorio. Para tener una referencia, tras los comicios de 2022 tardó 58 días en cerrar su actual coalición.
El corresponsal de Infobae en Jerusalén, Román Lejtman, resumió que "el poder se empieza a atomizar" y estimó que, si hay acuerdo, el nuevo gobierno llegaría recién a principios de 2027. Advirtió además que Liberman podría ser tentado por el oficialismo para cambiar de bando. Un dato llamativo: varias de las ciudades más golpeadas por la guerra, como Kiryat Shmona en el norte o Sderot y Ofakim en el sur, volvieron a elegir al Likud como primera fuerza.
Para la Argentina el resultado no es un tema menor. Javier Milei construyó una relación muy estrecha con Netanyahu, aunque Lejtman sostuvo que el vínculo bilateral "nada va a cambiar" gane quien gane. Lo próximo es el escrutinio definitivo y la ronda de consultas de Herzog con todos los partidos, en un contexto de alta tensión regional: el canciller iraní Abbas Araghchi advirtió que cualquier ataque "instigado por Israel" en el golfo Pérsico tendría un impacto "devastador" en los mercados.
Con información de Infobae y Clarín
Foto: Clarín


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