El Gobierno nacional definió el nuevo cuadro tarifario que regirá a partir de noviembre, con incrementos promedio del 3,57% en las tarifas de electricidad para el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y del 2,17% en el gas natural por red en todo el país. La decisión oficial responde a la presión de la inflación mayorista de septiembre —que marcó un 3,2%—, arrastrada por la suba del barril de crudo ante la escalada bélica en Medio Oriente.
En los hechos, el traslado a las boletas de los usuarios residenciales tendrá diferentes escalas según la distribuidora y el nivel de consumo. Para las áreas cubiertas por Edenor y Edesur, el incremento promedio se calcula en torno a los $1.700 mensuales, aunque desde los despachos oficiales remarcaron que el impacto será menor para el grueso de la población: para tres de cada cuatro hogares la suba efectiva se ubicará en los $1.150 por mes.
Para evitar un golpe mayor sobre los ingresos medios y bajos, la Casa Rosada resolvió preservar el esquema de asistencia en los consumos básicos:
Electricidad: continuará vigente la cobertura estatal del 75% sobre el precio mayorista para los primeros 200 kWh por mes, con un margen de tolerancia superior para los usuarios de las provincias del norte argentino por razones climáticas.
Gas por red: se sostendrá una bonificación del 74,25%.
En paralelo, y con el foco puesto en evitar un traslado inmediato a los costos logísticos y al transporte, el Ejecutivo decidió postergar los aumentos previstos en los impuestos a los combustibles líquidos, congelando temporalmente una actualización que hubiera encarecido de inmediato los surtidores de nafta y gasoil en todo el territorio nacional.
Desde la Secretaría de Energía justificaron la medida y aseguraron que el nuevo sendero de precios permite consolidar el orden fiscal sin desatender el bolsillo de los contribuyentes: "Estas medidas permiten avanzar en la normalización tarifaria sin resignar las metas fiscales", sostuvieron a través de un comunicado.
Con esta calibración técnica, el equipo económico busca mantener a raya la inflación del último bimestre del año y sostener el equilibrio de las cuentas públicas, mientras monitorea de cerca la volatilidad de los mercados energéticos globales que continúa condicionando los costos de importación y generación local.


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