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“Tengo cabeza dura”: Izquierdoz empató el Clásico del Sur, le pegaron con un encendedor y se comió un caramelo que le tiraron

El Clásico del Sur terminó en empate, pero dejó mucho más que un 1-1. En el estadio Florencio Sola, Banfield y Lanús igualaron por el Torneo Clausura en un partido caliente, con proyectiles desde la tribuna, una bomba de estruendo cerca del arquero visitante y largas interrupciones. El gran protagonista fue Carlos Izquierdoz: el defensor de 37 años marcó el empate del Granate, recibió un encendedor en la frente mientras lo festejaba y después lo resumió con una frase que ya es viral: "Tengo cabeza dura".

El local fue superior en el primer tiempo y se puso en ventaja a los 19 minutos con un gol de Adrián "Rocky" Balboa. Ya en el complemento, pasado el cuarto de hora, el chileno Matías Sepúlveda lanzó un córner al segundo palo y por ahí apareció, solo, Izquierdoz para poner el 1-1. Según las estadísticas oficiales del partido, Lanús tuvo el 59% de la posesión y Banfield remató 13 veces contra 10 de su rival. No hubo expulsados, aunque el clima estuvo tenso durante los 90 minutos y los ocho de adición. Fue, además, uno de esos clásicos que se juegan tanto en la cancha como en las tribunas.

El festejo del ex Boca encendió todavía más a la hinchada local. El zaguero gritó el gol frente a una de las populares de Banfield, besó la camiseta y se arrodilló junto a Lucas Besozzi y Sasha Marcich. Desde arriba empezaron a caer objetos: caramelos, pastillas y un encendedor que le pegó en la cabeza. Casi al mismo tiempo, una bomba de estruendo explotó en el área de Lanús, cerca del arquero Nahuel Losada, que quedó aturdido. En una imagen insólita, Izquierdoz desenvolvió uno de los caramelos verdes que le habían tirado y se lo comió.

"Tiraron encendedores, pastillitas, de todo. Me pegaron acá en la frente, pero gracias a Dios no pasa nada", contó el defensor a TNT Sports apenas terminado el encuentro. Su enojo también tuvo destinatario: el árbitro Tello, que frenó el juego varias veces porque había hinchas de Banfield trepados al alambrado. "Cuando mejor estábamos, pararon el partido. El árbitro tendría que haber dejado jugar", se quejó. Entre tanta bronca, hubo un gesto de cordialidad: el abrazo con Pedro Troglio, entrenador del Taladro.

Las interrupciones terminaron por cortar el mejor momento del equipo de Mauricio Pellegrino, que en el segundo tiempo había ajustado las marcas y empujaba a su rival contra su arco en busca del 2-1. Con el correr de los minutos, Banfield se acomodó y entendió que el empate no era un mal negocio. "El punto no sirve para nada. Queríamos ganar, seguir escalando posiciones y sumar para la clasificación a las copas", lamentó el capitán granate, que ilusionaba con cerrar el torneo con puntaje perfecto.

Con el empate, Lanús llegó a 24 unidades en la Zona A y sigue en zona de clasificación, aunque perdió la chance de acercarse a tres puntos del sorprendente líder, Instituto de Córdoba. Banfield, en cambio, sigue lejos de los puestos de arriba en el Grupo B. Además de Izquierdoz, el Granate tuvo en Eduardo Salvio, de 36 años, a otro de sus referentes, en un plantel que apuesta a la experiencia para pelear en el tramo final del Clausura.

Lo que viene ahora es el análisis de lo ocurrido en las tribunas: los incidentes quedarán asentados en el informe arbitral y podrían derivar en sanciones para el club local. En lo deportivo, Lanús volverá a jugar como local el domingo 1 de noviembre a las 20.45, mientras que Banfield recibirá a Independiente Rivadavia de Mendoza el lunes 2 de noviembre a las 21.15. Ambos llegarán a la recta final con cuentas pendientes: uno, con la obligación de ganar para meterse en las copas; el otro, con la necesidad de reencontrarse con su gente después de una tarde para el olvido.

Con información de La Nación y TN

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