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Elecciones en EE.UU.: tensión y caras largas en la Casa Blanca ante el temor de una derrota total de Donald Trump en el Congreso

Donald Trump sigue el cierre de urnas recluido en el ala oeste y se trasladará a la residencia oficial junto a su círculo íntimo. Crecen las alarmas por la pérdida de ambas cámaras legislativas y la amenaza de una ola de investigaciones contra su gestión.
Un clima de profunda inquietud y preocupación domina los pasillos de la Casa Blanca. Mientras las urnas comienzan a cerrar en todo el país, el presidente Donald Trump permanece recluido en el ala oeste del complejo presidencial, custodiado por la tradicional guardia de los Marines apostada frente al Despacho Oval, a la espera de trasladarse a la residencia privada para monitorear los primeros números del escrutinio junto a sus familiares y principales colaboradores.

El escenario elegido para aguardar los resultados reavivó de inmediato los peores fantasmas de su historial electoral. Se trata de una puesta en escena prácticamente idéntica a la de las elecciones presidenciales de hace seis años frente a Joe Biden. En aquella madrugada, luego de que cadenas como Fox News proyectaran la caída republicana en Arizona y con distritos clave como Georgia y Pensilvania en disputa, Trump compareció intempestivamente para autoproclamarse ganador, denunciar fraude de forma anticipada y exigir el cese del recuento, en lo que significó el preludio de una severa crisis institucional que culminó con el asalto al Capitolio.

En esta oportunidad, los rostros dentro del edificio gubernamental reflejan un panorama sombrío. Reportes transmitidos por la cadena CNN y seguidos de cerca en las pantallas de las oficinas de prensa oficiales confirmaron que el propio mandatario admitió en privado que el desenlace electoral "puede ser peor de lo que se esperaba". El peor escenario que baraja el oficialismo implicaría la pérdida total del control parlamentario en favor de los demócratas, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

El eventual traspaso del mando legislativo a la oposición dinamitaría el margen de maniobra de la administración republicana:

 * Parálisis política: A diferencia de presidentes anteriores como Bill Clinton o George W. Bush, que tras sufrir reveses de medio término optaron por tender puentes de consenso, el estilo confrontativo de Trump aleja cualquier posibilidad de tregua.
 * Discurso polarizado: En el tramo final de la campaña, el líder republicano tensó la cuerda al advertir que una victoria opositora facilitaría el avance islámico en el Senado, en alusión directa a la postulación de Abdul El-Sayed en el estado de Michigan.
 * Batería de investigaciones: Si la bancada demócrata recupera las mayorías, activará una ofensiva judicial y parlamentaria implacable.

Entre los frentes que la oposición ya prometió auditar bajo la lupa legislativa figuran los negocios de la familia Trump, la política exterior hacia Venezuela, los alcances de un controvertido pacto petrolero y las sospechas en torno al uso de la inteligencia artificial Grok en operativos contra el régimen de Nicolás Maduro. A esa lista de citaciones se suma el reclamo para esclarecer las facilidades otorgadas para el ingreso a territorio norteamericano de Flávio Bolsonaro tras su salida de Brasil.
Con los primeros cómputos en marcha y la expectativa puesta en la reacción del jefe de Estado, Washington ingresa en una noche decisiva que definirá si Trump queda sometido a un bloqueo institucional implacable o si logra preservar el poder político en el Capitolio.

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