Donald Trump reorganizó la cúpula de la Casa Blanca apenas tres días después de la dura derrota republicana en las elecciones de medio término. El presidente anunció que Susie Wiles deja la jefatura de gabinete y que su lugar será ocupado por Stephen Miller, de 41 años, el principal arquitecto de su política migratoria de mano dura. El cambio se hará efectivo el lunes 9 de noviembre, según comunicó el propio mandatario en su red Truth Social, donde presentó a Miller como "uno de mis asesores de mayor confianza".
Miller se desempeñaba hasta ahora como subjefe de gabinete y asesor de Seguridad Nacional. Frente a la prensa, Trump explicó que "simplemente quería hacer un cambio" y elogió a su nuevo colaborador como alguien "muy bueno políticamente" y un "gran administrador". Wiles, de 69 años, no se va del entorno presidencial: pasará a integrar la estructura política de Trump. "Ha hecho un gran trabajo", escribió el mandatario sobre ella. La salida llega pese a que, semanas atrás, la Casa Blanca había desmentido con firmeza los rumores sobre su reemplazo.
El relevo tiene peso histórico. Wiles fue la primera mujer en ocupar la jefatura de gabinete de un presidente de Estados Unidos y también la que más tiempo permaneció en ese cargo en las gestiones de Trump, que durante su primer mandato llegó a tener cuatro jefes de gabinete distintos. En marzo de este año, además, había hecho público que atravesaba un cáncer de mama, y meses después informó que ya no presentaba evidencia de la enfermedad. En su despedida, agradeció la oportunidad y dijo que servir al presidente "ha sido el honor de mi vida".
El perfil de Miller explica buena parte de la repercusión. Fue asesor del entonces senador por Alabama Jeff Sessions, que luego sería el primer fiscal general de Trump, y se sumó a la campaña de 2016 como redactor de discursos. En el segundo mandato fue la cara del programa de deportaciones masivas, marcado por redadas con agentes encapuchados. Su figura quedó especialmente cuestionada después de que agentes del ICE mataran a dos manifestantes en Minneapolis en enero, hechos que desataron protestas en todo el país.
Las reacciones no tardaron. El senador republicano Ron Johnson respaldó la designación y recordó que conoce a Miller desde 2011, cuando era director de comunicación de Sessions. Del lado demócrata, el representante Robert Garcia lanzó advertencias hacia el futuro jefe de gabinete, y el fiscal general Todd Blanche salió a cubrirlo en Fox News: "Stephen Miller tiene un abogado, y soy yo". Analistas de las cadenas estadounidenses hablaron de un gobierno que se pone en "pie de guerra" frente a un Congreso que, desde el 3 de enero, quedará en manos de los demócratas en ambas cámaras.
Para la Argentina, el cambio se mira con atención. La nueva mayoría demócrata abre la puerta a que avancen en el Capitolio proyectos que cuestionan el rescate financiero y el swap que la administración Trump le otorgó al gobierno de Javier Milei. En ese contexto, las empresas estadounidenses con operaciones en el país salieron a llevar tranquilidad y aseguraron que el apoyo financiero no está en riesgo, aunque la AmCham admitió que el nuevo escenario político "puede impactar" en la relación bilateral.
Lo que viene es una Casa Blanca con un jefe de gabinete de perfil confrontativo, justo cuando Trump, de 80 años, deberá negociar cada ley con un Congreso adverso durante los dos años que le quedan de mandato. El primer desafío para Miller será sostener la agenda migratoria y fiscal sin mayorías propias. En Buenos Aires, mientras tanto, la Casa Rosada sigue de cerca cada movimiento en Washington, consciente de que la estabilidad del respaldo estadounidense se volvió una variable clave para los mercados y para el plan económico de cara a 2027.
Con información de TN e Infobae
Foto: TN


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