Los votantes de Estados Unidos le propinaron este martes a Donald Trump uno de los peores resultados de medio término que recuerde un gobierno en ese país. Con el conteo avanzado durante la madrugada, el Partido Demócrata quedó al frente de la Cámara de Representantes y también del Senado, algo que el presidente republicano nunca había enfrentado desde que llegó a la Casa Blanca. A partir de enero, el mandatario tendrá a la oposición controlando las dos cámaras durante los dos años que le quedan de gestión.
El mapa dejó postales históricas. En Texas, un bastión republicano donde ningún demócrata ganaba una banca en el Senado desde Lloyd Bentsen en 1988, se impuso James Talarico, de 37 años, frente a Ken Paxton. En Kansas, Adam Hamilton se quedó con un escaño que su partido no conseguía desde 1932, cuando lo había ganado George McGill. Y en Carolina del Sur los demócratas volvieron a festejar una victoria senatorial por primera vez desde Fritz Hollings en 1998. También hubo avances opositores en estados como Iowa.
La campaña opositora se apoyó en el malestar por el costo de vida, el temor a que la inflación siga licuando los ingresos, el cansancio frente a conflictos bélicos sin final a la vista y la preocupación de las comunidades migrantes ante medidas cada vez más duras. El eslogan que más caló fue directo: controlar el Congreso para poner límites a Trump. En la previa, el propio presidente había anticipado su estrategia si perdía: aseguró que se convertiría en el "Señor Veto", es decir, que bloquearía las leyes que le enviara un Parlamento adverso.
La reacción del mandatario llegó en pleno escrutinio. Desde su red Truth Social descargó su enojo contra Fox News, a la que acusó de hacer encuestas con preguntas tendenciosas y de atacarlo de manera premeditada desde hace años. Del otro lado, el equipo de Talarico celebró con el mensaje de que había llegado la hora de frenar a un presidente que "se creyó superpoderoso", mientras el flamante senador repetía que la elección no fue entre izquierda y derecha, sino entre los de arriba y los de abajo. En los bares de Washington cada banca ganada se gritó como un gol.
El cambio de mayorías abre un escenario nuevo. Con el control de las comisiones, los demócratas podrán impulsar investigaciones sobre decisiones de la administración republicana, como el reparto del negocio petrolero en Venezuela. Analistas consultados en Washington incluso mencionaron la posibilidad de que se pidan precisiones sobre la asistencia financiera que el Tesoro le dio a la Argentina en 2025. La senadora Elizabeth Warren ya había reclamado al secretario Scott Bessent una copia del acuerdo de swap por 20.000 millones de dólares y que la línea se cerrara.
En Buenos Aires el resultado se siguió con cautela. Javier Milei, aliado explícito de Trump, partió el martes a las 23 rumbo a Madrid para la Cumbre Iberoamericana y evitó opinar en redes, a diferencia de lo que había hecho días atrás con el balotaje en Brasil. En la embajada argentina en Washington, donde estuvieron el embajador Alec Oxenford y el subsecretario Eduardo "Lule" Menem, insistieron en que la relación estratégica con Estados Unidos no depende de quién gobierne. Aun así, en el oficialismo admiten que es un segundo revés internacional en pocos días.
Lo que viene es un tramo final de mandato con un presidente más condicionado. Los demócratas asumirán sus nuevas mayorías en enero y desde entonces cada presupuesto, nombramiento y proyecto clave de la Casa Blanca necesitará negociación. Los vetos que anticipó Trump podrían multiplicarse y la pulseada con el Capitolio marcará el camino hacia la elección presidencial de 2028. Para la Argentina, el desafío será sostener el vínculo con Washington ante un Congreso que mira con más lupa los acuerdos firmados con Milei.
Con información de Infobae y La Nación


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