La ola de protestas juveniles que sacude a Europa tuvo el sábado su capítulo alemán, y terminó con imágenes que las autoridades temían. Decenas de miles de jóvenes salieron a las calles de más de 30 ciudades, entre ellas Berlín, Múnich, Colonia y Frankfurt, para reclamar más inversión en educación y salud, un costo de vida más bajo y el rechazo al regreso del servicio militar obligatorio. La jornada fue mayormente pacífica, pero al caer la noche el centro financiero del país quedó envuelto en disturbios, con comercios saqueados y ataques contra la policía.
La convocatoria partió del colectivo Gen Z regelt, algo así como "La Generación Z toma las riendas". Según datos policiales citados por La Nación, en Frankfurt marcharon hasta 8.000 personas por el centro. Hacia las 18.20 la policía disolvió la manifestación después de que se encendieran bengalas y petardos y volaran piedras contra los agentes. Más tarde, sobre la tradicional calle comercial Zeil, grupos encapuchados rompieron vidrieras, se llevaron zapatillas y otros productos y atacaron una armería. El balance oficial habla de 17 locales dañados, cinco de ellos saqueados.
La propia policía de Frankfurt alertó en tiempo real a través de la red X: "En el centro de la ciudad se destrozaron los cristales de varias tiendas. También se lanzaron bombas molotov contra los servicios de emergencia", escribió, y pidió a los transeúntes que evitaran la zona. Para controlar la situación se desplegaron hasta 1.300 efectivos, incluidas unidades especiales y camiones hidrantes. La calma recién volvió hacia las 3 de la madrugada del domingo. En Hamburgo también se quemaron barricadas, y en Colonia hubo incidentes, según la televisión pública alemana ZDF.
El ministro del Interior del estado de Hesse, Roman Poseck, habló de "excesos de violencia espantosos" y de una noche muy difícil. Informó que más de 100 policías resultaron heridos, uno de ellos de gravedad: perdió los dientes tras recibir una piedra en la cara. Hubo 54 detenidos de entre 13 y 29 años. Antes de la marcha, el funcionario había advertido que nadie quería ver repetidas las escenas recientes de Francia, con saqueos, casas en llamas y patrulleros incendiados. "Francia no debe servir de modelo en este sentido", había dicho.
Los organizadores se despegaron de los desmanes. Gen Z regelt rechaza de manera explícita la violencia, y la policía atribuyó la mayor parte de los incidentes nocturnos a grupos ajenos a la marcha original. "Estamos aquí para luchar por la paz y la libertad, en lugar de la guerra y la coerción", dijo en Berlín la vocera Lina Friedrich, según la cadena NBC. Sus reclamos incluyen dinero para escuelas, ayuda contra las adicciones y psicoterapia, una vida accesible, un reparto más justo de las cargas y más protección del clima.
La convocatoria quedó por debajo de las expectativas. El movimiento esperaba reunir a unas 182.000 personas, pero las cifras oficiales en las grandes ciudades fueron bastante menores, y los propios organizadores hablaron después de alrededor de 120.000 participantes en todo el país, según el portal Tagesschau. Aun así, la protesta confirma un fenómeno que se extiende por el continente: en Serbia el activismo estudiantil empujó un cambio político en las urnas y en Francia las marchas derivaron en semanas de disturbios.
Lo que viene es más movilización. Gen Z regelt convocó a acciones en escuelas y universidades durante la semana del 2 al 6 de noviembre y anunció que se sumará a la huelga juvenil internacional del 20 de noviembre. El debate político, en tanto, ya se encendió en Alemania, porque Poseck atribuyó buena parte de los disturbios a entre 1.000 y 1.500 personas violentas, a las que vinculó con extremistas de izquierda y con jóvenes de origen migrante. En la misma conferencia, el alcalde de Frankfurt, Mike Josef, matizó esa mirada y recordó que entre los efectivos que fueron atacados mientras protegían la ciudad también había muchas personas con historia migratoria.
Con información de La Nación, ZDF, Tagesschau y NBC.
Foto: La Nación.


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