Analisis de la derrota Republicana en EEUU por Martín Varsavsky. "Esta noche los demócratas han ganado las dos cámaras del Congreso. Texas eligió a un senador demócrata por primera vez desde 1988, Kansas por primera vez desde 1932 y Carolina del Sur desde 1998.Creo en impuestos bajos, en menos regulación, en un presupuesto balanceado y en un Estado que deje trabajar a quien crea riqueza. Pero desde mi punto de vista de una derecha libertaria, Trump cometió grandes errores en sus dos primeros años que llevaron a este resultado. El primer error fue gobernar la economía como un intervencionista. Un arancel es un impuesto que pagan los consumidores del propio país: según el Yale Budget Lab, los de Trump cuestan 1.077 dólares al año a cada hogar. Y en agosto abrió una guerra comercial con Canadá, su vecino más amistoso. El Gobierno se quedó con cerca del 10% de Intel después de que Trump pidiera la dimisión de su consejero delegado, y en enero propuso limitar al 10% el interés de las tarjetas de crédito, un control de precios que podría haber firmado Mamdani. Un presidente que decide qué empresas ganan, cuánto pueden cobrar y quién las dirige se parece más a un socialista que a Reagan. El segundo error fue la guerra con Irán. Se puede defender que Irán no debe tener nunca un arma nuclear y que es sin duda junto a Norcorea uno de los dos peores regímenes del planeta, pero aun así ver lo que costó una guerra que desde que empezó en febrero la gasolina ha subido casi un 50% y el gasóleo dos tercios. El 62% de los votantes cree que empezar la guerra fue una mala decisión. El tercer error fue anteponer la lealtad a la calidad de los candidatos. En Texas, Trump apoyó contra el senador John Cornyn a Ken Paxton, al que la Cámara de Texas, de mayoría republicana, había sometido a juicio político por soborno y corrupción. Paxton perdió esta noche contra James Talarico, un exprofesor de 37 años. En Carolina del Sur empujó a presentarse a Darline Graham, hermana del senador fallecido, que nunca había ocupado un cargo público y perdió contra una pediatra. Un partido que castiga a quien discrepa acaba con candidatos que solo saben obedecer, y esos candidatos pierden en noviembre. El cuarto error fue la corrupción. Según su declaración de bienes, Trump ingresó en 2025 más de 1.400 millones de dólares por los negocios de criptomonedas de su familia, y en enero el Wall Street Journal reveló que la familia había vendido en secreto el 49% de una de esas empresas a una sociedad respaldada por el consejero de seguridad nacional de los Emiratos. La derecha pasó años denunciando los negocios de Hunter Biden. Los de la familia Trump son mucho mayores. Los votantes lo vieron. En la encuesta de octubre de Fox News, la corrupción era su primera preocupación, por delante de la inflación, y según NBC el 65% cree que las políticas de Trump empeoraron la economía. Ganó en 2024 prometiendo bajar los precios. Los subió. Muchos republicanos dirán que el partido del presidente casi siempre pierde escaños a mitad de mandato. Es verdad. Perder escaños es normal. Perder Texas, Kansas y Carolina del Sur, no. El precedente más parecido es 2006, cuando George W. Bush, con otra guerra impopular en Oriente Medio, perdió las dos cámaras. Trump llega con un 38% de aprobación, menos que Bush entonces. ¿Alguien cree que Kansas, que no elegía a un senador demócrata desde 1932, se volvió socialista en una noche? Ganaron un pastor metodista, un exprofesor, una pediatra y un demócrata obrero de toda la vida. Ninguno es de la extrema izquierda. Hablaron de precios y de corrupción, y los votaron independientes y republicanos cansados de Trump. Dicho esto, hay demócratas y demócratas. Josh Shapiro, reelegido esta noche gobernador de Pensilvania, es el ejemplo de los razonables: prometió bajar el impuesto de sociedades, agilizó los permisos a las empresas y criticó con dureza a la Universidad de Pensilvania por el antisemitismo en el campus. No está solo. Crece una corriente de demócratas pro empresa que culpan a la propia izquierda de que ya no se construyan viviendas ni centrales. Con demócratas así se puede discrepar y aun así gobernar un país. El peligro está en otra parte: en los Socialistas Democráticos de América, DSA, el ala socialista del Partido Demócrata. Esta noche al menos cinco candidatos de DSA ganaron escaños en la Cámara, más que nunca. Su odio a Israel va mucho más allá de Gaza: su sección de Nueva York convocó una manifestación en Times Square el 8 de octubre de 2023, un día después de la masacre de Hamás, y Mamdani se negó a condenar el lema «globalizar la intifada». Eso es antisemitismo, con o sin Gaza. Son pocos, pero el Tea Party también empezó en 2010 con unos insurgentes en distritos seguros, y seis años después el candidato republicano era Trump. Donde DSA ya gobierna se ven los resultados. Zohran Mamdani, de DSA, es alcalde de Nueva York desde enero, y en junio su junta congeló el alquiler de un millón de pisos regulados. Un piso cuyo alquiler no paga sus reparaciones se queda cerrado: los pisos regulados vacíos ya habían pasado de 49.000 a más de 57.000 en un año. Congelar precios destruye la oferta y liberarlos la crea. DSA quiere extender ese modelo a todo el país, y por eso me preocupa mucho más que Shapiro. Esta mayoría demócrata puede incluso ser útil, porque Trump tendrá que negociar cada presupuesto. Lo que importa es quién manda dentro del Partido Demócrata. Si en 2028 eligen a alguien como Shapiro, Estados Unidos tendrá dos partidos que creen en la empresa privada. Si eligen a alguien como Mamdani, tendrá uno solo. A los republicanos les toca bajar los precios, comerciar con sus aliados y elegir candidatos capaces de ganar en noviembre además de en las primarias. Esta derrota se la buscó Trump." Martín Varsavsky
Martín Varsavsky tras la derrota Republicana "Esta derrota se la buscó Trump"
Analisis de la derrota Republicana en EEUU por Martín Varsavsky. "Esta noche los demócratas han ganado las dos cámaras del Congreso. Texas eligió a un senador demócrata por primera vez desde 1988, Kansas por primera vez desde 1932 y Carolina del Sur desde 1998.Creo en impuestos bajos, en menos regulación, en un presupuesto balanceado y en un Estado que deje trabajar a quien crea riqueza. Pero desde mi punto de vista de una derecha libertaria, Trump cometió grandes errores en sus dos primeros años que llevaron a este resultado. El primer error fue gobernar la economía como un intervencionista. Un arancel es un impuesto que pagan los consumidores del propio país: según el Yale Budget Lab, los de Trump cuestan 1.077 dólares al año a cada hogar. Y en agosto abrió una guerra comercial con Canadá, su vecino más amistoso. El Gobierno se quedó con cerca del 10% de Intel después de que Trump pidiera la dimisión de su consejero delegado, y en enero propuso limitar al 10% el interés de las tarjetas de crédito, un control de precios que podría haber firmado Mamdani. Un presidente que decide qué empresas ganan, cuánto pueden cobrar y quién las dirige se parece más a un socialista que a Reagan. El segundo error fue la guerra con Irán. Se puede defender que Irán no debe tener nunca un arma nuclear y que es sin duda junto a Norcorea uno de los dos peores regímenes del planeta, pero aun así ver lo que costó una guerra que desde que empezó en febrero la gasolina ha subido casi un 50% y el gasóleo dos tercios. El 62% de los votantes cree que empezar la guerra fue una mala decisión. El tercer error fue anteponer la lealtad a la calidad de los candidatos. En Texas, Trump apoyó contra el senador John Cornyn a Ken Paxton, al que la Cámara de Texas, de mayoría republicana, había sometido a juicio político por soborno y corrupción. Paxton perdió esta noche contra James Talarico, un exprofesor de 37 años. En Carolina del Sur empujó a presentarse a Darline Graham, hermana del senador fallecido, que nunca había ocupado un cargo público y perdió contra una pediatra. Un partido que castiga a quien discrepa acaba con candidatos que solo saben obedecer, y esos candidatos pierden en noviembre. El cuarto error fue la corrupción. Según su declaración de bienes, Trump ingresó en 2025 más de 1.400 millones de dólares por los negocios de criptomonedas de su familia, y en enero el Wall Street Journal reveló que la familia había vendido en secreto el 49% de una de esas empresas a una sociedad respaldada por el consejero de seguridad nacional de los Emiratos. La derecha pasó años denunciando los negocios de Hunter Biden. Los de la familia Trump son mucho mayores. Los votantes lo vieron. En la encuesta de octubre de Fox News, la corrupción era su primera preocupación, por delante de la inflación, y según NBC el 65% cree que las políticas de Trump empeoraron la economía. Ganó en 2024 prometiendo bajar los precios. Los subió. Muchos republicanos dirán que el partido del presidente casi siempre pierde escaños a mitad de mandato. Es verdad. Perder escaños es normal. Perder Texas, Kansas y Carolina del Sur, no. El precedente más parecido es 2006, cuando George W. Bush, con otra guerra impopular en Oriente Medio, perdió las dos cámaras. Trump llega con un 38% de aprobación, menos que Bush entonces. ¿Alguien cree que Kansas, que no elegía a un senador demócrata desde 1932, se volvió socialista en una noche? Ganaron un pastor metodista, un exprofesor, una pediatra y un demócrata obrero de toda la vida. Ninguno es de la extrema izquierda. Hablaron de precios y de corrupción, y los votaron independientes y republicanos cansados de Trump. Dicho esto, hay demócratas y demócratas. Josh Shapiro, reelegido esta noche gobernador de Pensilvania, es el ejemplo de los razonables: prometió bajar el impuesto de sociedades, agilizó los permisos a las empresas y criticó con dureza a la Universidad de Pensilvania por el antisemitismo en el campus. No está solo. Crece una corriente de demócratas pro empresa que culpan a la propia izquierda de que ya no se construyan viviendas ni centrales. Con demócratas así se puede discrepar y aun así gobernar un país. El peligro está en otra parte: en los Socialistas Democráticos de América, DSA, el ala socialista del Partido Demócrata. Esta noche al menos cinco candidatos de DSA ganaron escaños en la Cámara, más que nunca. Su odio a Israel va mucho más allá de Gaza: su sección de Nueva York convocó una manifestación en Times Square el 8 de octubre de 2023, un día después de la masacre de Hamás, y Mamdani se negó a condenar el lema «globalizar la intifada». Eso es antisemitismo, con o sin Gaza. Son pocos, pero el Tea Party también empezó en 2010 con unos insurgentes en distritos seguros, y seis años después el candidato republicano era Trump. Donde DSA ya gobierna se ven los resultados. Zohran Mamdani, de DSA, es alcalde de Nueva York desde enero, y en junio su junta congeló el alquiler de un millón de pisos regulados. Un piso cuyo alquiler no paga sus reparaciones se queda cerrado: los pisos regulados vacíos ya habían pasado de 49.000 a más de 57.000 en un año. Congelar precios destruye la oferta y liberarlos la crea. DSA quiere extender ese modelo a todo el país, y por eso me preocupa mucho más que Shapiro. Esta mayoría demócrata puede incluso ser útil, porque Trump tendrá que negociar cada presupuesto. Lo que importa es quién manda dentro del Partido Demócrata. Si en 2028 eligen a alguien como Shapiro, Estados Unidos tendrá dos partidos que creen en la empresa privada. Si eligen a alguien como Mamdani, tendrá uno solo. A los republicanos les toca bajar los precios, comerciar con sus aliados y elegir candidatos capaces de ganar en noviembre además de en las primarias. Esta derrota se la buscó Trump." Martín Varsavsky

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