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Medio siglo después: identificaron los restos de Mara Salto, la hija de un exintendente de Cipolletti desaparecida en La Perla

Foto: La Nación

Cincuenta años después de su secuestro, la familia de María Luisa “Mara” Salto Segovia recibió la noticia que esperó durante medio siglo. Los restos de la joven de Cipolletti, hija de un exintendente de esa ciudad rionegrina y desaparecida en Córdoba en 1976, fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). La confirmación llegó luego de que los cotejos de su Laboratorio de Genética Forense arrojaran un resultado positivo con una certeza superior al 90%, y fue comunicada a sus familiares antes de hacerse pública.

El hallazgo forma parte de la causa conocida como Enterramientos Clandestinos, que tramita en el Juzgado Federal N° 3 de Córdoba, a cargo del juez Vaca Narvaja. Las tareas antropológicas y forenses desarrolladas en ese expediente permitieron reconstruir perfiles genéticos y lograr la identificación de unas 30 personas detenidas-desaparecidas durante el terrorismo de Estado en esa provincia. Según se informó, todas las familias de las víctimas identificadas ya fueron notificadas, y está prevista una conferencia de prensa para este viernes, en la que se darán a conocer públicamente los resultados de la investigación.

Mara nació en Cipolletti el 8 de diciembre de 1955 y pertenecía a una de las familias pioneras del Alto Valle. Era hija de Margarita Segovia y del médico Julio Dante Salto, intendente de la ciudad en la década de 1960 y protagonista del histórico Cipolletazo. Sus hermanos también dejaron huella en la región: Julio Rodolfo Salto fue jefe comunal, María Isabel “Mariela” Salto es docente universitaria y María Emilia “Beba” Salto, exconcejal de Neuquén, sobrevivió a centros clandestinos de la Patagonia y declaró en juicios de lesa humanidad. Hoy el nombre de Mara integra el memorial local que recuerda a 17 víctimas.

A los 20 años vivía en la capital cordobesa, donde estudiaba Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba. Militaba en la Juventud Universitaria Peronista de su facultad y en Montoneros. A fines de julio de 1976, en los primeros meses de la última dictadura, fue secuestrada por integrantes de las Fuerzas Armadas y de seguridad, que dos días después allanaron la vivienda que compartía con una compañera de estudios. Según los testimonios de sobrevivientes incorporados a las causas judiciales, fue llevada al centro clandestino La Perla, donde la vieron con vida por última vez unos 20 días después de su captura.

Los responsables del circuito represivo en el que se enmarcó su desaparición, entre ellos el exjefe del Tercer Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez, fueron juzgados años más tarde en la megacausa La Perla - La Ribera - D2. Sus restos fueron recuperados en Loma del Torito, un predio dentro de la Guarnición Militar La Calera, junto al lugar donde funcionó aquel centro de detención, en pleno monte cordobés. La zona de búsqueda se definió a partir de una vieja fotografía aérea que mostraba un pequeño claro entre la vegetación, una pista que resultó decisiva para los investigadores.

Allí, el EAAF, con apoyo del Servicio de Antropología Forense de Córdoba y de equipos de las universidades nacionales de Córdoba y de Río Cuarto, exploró de manera sistemática un área de tres hectáreas. El trabajo fue complejo: los especialistas encontraron pequeños fragmentos óseos dispersos en tierra de relleno. La hipótesis judicial es que el lugar fue un gran enterramiento clandestino y que en 1979, ante la llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, los cuerpos fueron removidos con maquinaria pesada para borrar evidencias. Esa operación dejó restos atrapados en el suelo que, décadas después, permitieron obtener los perfiles genéticos.

La noticia tuvo un fuerte impacto en Cipolletti. La Asociación de Docentes de la Universidad Nacional del Comahue (ADUNC) envió un abrazo solidario a Mariela, integrante de esa comunidad universitaria, y destacó la perseverancia de la familia, la tarea de los organismos de derechos humanos, la intervención de la Justicia y el trabajo científico del EAAF. Para los suyos, que sostuvieron durante cinco décadas el reclamo de memoria, verdad y justicia, la identificación cierra una larga búsqueda y les permite, por fin, saber dónde terminó el camino de aquella estudiante de 20 años que se llevaron en Córdoba.

Con información de La Nación y LM Cipolletti

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