Foto: La Nación
Boca volvió a vivir una de esas noches que alimentan su leyenda copera. En el mítico Maracaná de Río de Janeiro, el equipo de Rodolfo Arruabarrena le ganó 3-1 a Vasco da Gama, dio vuelta la serie semifinal de la Copa Sudamericana y se clasificó para la final. El héroe fue Leandro Paredes: el capitán, que había entrado en el segundo tiempo con apenas 11 días de recuperación de un desgarro, sacó un remate desde afuera del área a pocos minutos del final y desató el delirio de los hinchas xeneizes.
El contexto era cuesta arriba. Boca había perdido 1-0 la ida en la Bombonera, con gol de Adson, y estaba obligado a ganar en un estadio colmado por unos 70.000 simpatizantes locales. Sin embargo, a los 4 minutos ya había igualado la llave: Lautaro Blanco lanzó un córner desde la izquierda y Lautaro Di Lollo le ganó en el salto a Santiago Sosa para vencer a Léo Jardim. A los 34, Miguel Merentiel quedó mano a mano tras una asistencia de primera de Sebastián Villa y definió con categoría para el 2-0.
El planteo del entrenador resultó clave. Arruabarrena decidió guardar a Paredes en el banco, incluyó a Villa desde el arranque y armó un esquema ofensivo con Merentiel y Leonel Flores para aprovechar el campo amplio del estadio brasileño. Según la crónica de Clarín, el local no pateó al arco en todo el primer tiempo, mientras Di Lollo, Facundo Herrera, Rodrigo Battaglia, Milton Delgado y Ascacibar sostuvieron al equipo en defensa y en el medio. La amplitud del campo, lejos de ayudar al dueño de casa, terminó favoreciendo a la visita, y el público brasileño empezó a mostrar su fastidio a medida que pasaban los minutos sin respuestas.
Pero en las copas nunca falta el sufrimiento. Con los ingresos de Marino Hinestroza y Brenner Marlos, el conjunto dirigido por el portugués Pedro Emanuel se fue en busca de la hazaña y el lateral uruguayo José Luis Rodríguez descontó con un derechazo cruzado que igualaba la serie y encendía otra vez al Maracaná. Los penales parecían inevitables hasta que Paredes, en una jugada aislada, tiró una pared con Delgado y sacó un disparo que picó cerca de Jardim y terminó en la red. Según La Nación, hasta ese momento la serie parecía destinada a la definición por penales y casi todo el dominio era del equipo carioca.
Tras el partido, Arruabarrena destacó el mérito del plantel y explicó su apuesta con el capitán. “Fue una semana difícil por todo lo que se comentó. El resultado me da, tal vez, la razón, pero fue una decisión difícil. Entendí que era el momento idóneo para que entrara, con el rival más cansado”, sostuvo en conferencia de prensa, según TN. Y agregó que lo importante era que el volante “no sintió nada”, al que definió como “un capitán, un líder”. “Todavía no logramos nada”, completó el entrenador, que pidió ir “pasito a pasito”.
La final se jugará el 21 de noviembre en el estadio Metropolitano de Barranquilla, en Colombia. El rival saldrá de la otra semifinal, en la que Atlético Mineiro le ganó 3-0 la ida a Montevideo City Torque y define este miércoles en Uruguay. Para el club de la Ribera será su tercera final de este torneo, que ganó en 2004 y 2005, y la oportunidad de volver a levantar un trofeo internacional después de 18 años: el último fue la Recopa Sudamericana de 2008, recordó La Nación.
Lo que viene es un calendario cargado. “Ahora hay que cambiar el chip”, advirtió el técnico, que ya piensa en el clásico ante Independiente del domingo, clave para defender el primer puesto de la Tabla Anual. Después llegarán el Superclásico con River el 1 de noviembre y la semifinal de la Copa Argentina frente a Banfield el 14 en Mendoza. Con el equipo en todos los frentes, el Maracaná, escenario de la dolorosa final de la Libertadores 2023, ahora quedó asociado a una noche de revancha.
Con información de Clarín, La Nación y TN


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