El automovilismo amaneció de luto: murió Alan Jones, el piloto australiano que se consagró campeón del mundo de Fórmula 1 en 1980 y que quedó grabado en la memoria de los argentinos por su feroz rivalidad con Carlos Reutemann en Williams. Tenía 80 años, que había cumplido apenas el lunes, y falleció este jueves tras una breve enfermedad, según informó su esposa, Amanda Butler-Davis, en un comunicado difundido por medios de su país. La noticia se transformó rápidamente en una de las tendencias más fuertes en X en Buenos Aires, donde la frase "Murió Alan Jones" escaló al tope de la conversación.
"Nos entristece profundamente anunciar el fallecimiento de nuestro querido Alan, que murió el 5 de noviembre tras una breve enfermedad", señaló Butler-Davis. En su mensaje, destacó que el expiloto dedicó su vida al deporte motor y que construyó un legado "que perdurará a través de las innumerables personas a las que llegó a lo largo de su camino". La familia agradeció las muestras de cariño, que llegaron desde equipos, circuitos y excolegas de todo el mundo.
Su campaña de 1980 lo puso en la historia grande. Ese año ganó cinco grandes premios, entre ellos el de la Argentina, además de los de Francia, Gran Bretaña, Canadá y Estados Unidos, y se convirtió en el segundo australiano en coronarse campeón mundial, después de Jack Brabham. En total sumó doce victorias en la máxima categoría. Había nacido en Melbourne el 2 de noviembre de 1946 y era hijo de Stan Jones, ganador del Gran Premio de Australia de 1959, por lo que la velocidad le corría por las venas desde la cuna.
Para el público argentino, sin embargo, su nombre está atado a una de las internas más picantes que se recuerden. A comienzos de los 80, Williams juntó en el mismo garaje al australiano, frontal y agresivo, y al santafesino, reservado y obsesivo. El quiebre llegó en el Gran Premio de Brasil de 1981, en Jacarepaguá: bajo una lluvia torrencial, Reutemann lideraba y desde el box le mostraron el famoso cartel "JONES-REUT", la orden para que dejara pasar a su compañero. El "Lole" lo ignoró, ganó la carrera y Jones, furioso, ni siquiera subió al podio.
Desde ese domingo en Río de Janeiro, el clima en el equipo se volvió irrespirable. La comunicación entre los dos pilotos se redujo al mínimo, los secretos técnicos se guardaban bajo llave dentro de la misma escudería y el australiano llegó a decir públicamente que en su compañero no se podía confiar. La factura se pagó en la última carrera de 1981, en Las Vegas: Jones ganó sin dar una mano y Reutemann, con problemas en su auto, terminó quinto y perdió el título por un solo punto frente al brasileño Nelson Piquet. Una herida que el automovilismo argentino todavía no cerró.
Antes de llegar a la cima, Jones había hecho un largo camino. Se mudó a Londres en 1970 para pelear por un lugar en el automovilismo europeo, en 1973 corrió en la Fórmula 3 británica con GRD, ganó en Silverstone y terminó subcampeón. Debutó en la Fórmula 1 en 1975 con Hesketh, pasó por Surtees y Shadow y finalmente recaló en Williams, donde vivió sus mejores años. Se retiró al cierre de 1981, aunque volvió en varias ocasiones hasta su último gran premio, en 1986. Luego siguió ligado a los fierros como comentarista de televisión en Australia.
En las próximas horas se esperan nuevos homenajes en el paddock, en un fin de semana en el que la categoría se prepara para correr en Interlagos, y es probable que la Fórmula 1 le dedique un minuto de recuerdo. En Australia ya se multiplican los mensajes para el último gran ídolo local de la era dorada, mientras que en la Argentina su muerte vuelve a poner sobre la mesa aquella temporada de 1981 que pudo haber cambiado la historia de Reutemann. Con Jones se va un competidor indomable y uno de los personajes más filosos que dio la máxima categoría.
Con información de TN y Goodwood
Foto: TN


No hay comentarios
Publicar un comentario