Una crisis institucional de extrema gravedad sacude a Paraguay. El presidente Santiago Peña quedó al borde de abandonar el poder jaqueado por una encrucijada sin retorno: presentar su renuncia indeclinable o enfrentar una destitución fulminante mediante un juicio político en el Senado. Con las negociaciones al límite y una definición formal que se considera inminente, el vicepresidente Pedro Alliana ya se perfila para asumir la jefatura de Estado y completar el mandato en el Palacio de López.
El detonante que aceleró el final del ciclo político de Peña fue la ruptura pública de su principal sostén de poder. El expresidente y líder del gobernante Partido Colorado, Horacio Cartes, difundió un contundente comunicado a través de sus redes sociales donde le quitó de manera oficial el respaldo político a su propio delfín, dejándolo completamente desprotegido frente a la oposición y a los sectores díscolos del oficialismo.
La pérdida del paraguas protector de Cartes liquidó de inmediato cualquier margen de maniobra parlamentaria para el mandatario:
* Pérdida de la mayoría legislativa: La bancada de Honor Colorado en el Congreso responde orgánicamente a Cartes. Sin esa disciplina partidaria, Peña carece por completo de los números necesarios para bloquear la apertura del proceso de destitución en la Cámara alta.
* La vía de la sucesión: La Constitución paraguaya establece que, ante la dimisión o remoción del jefe de Estado, el mando ejecutivo recae de forma directa en el vicepresidente Pedro Alliana, un dirigente estrechamente alineado a la estructura partidaria central.
* Horas de máxima tensión en Asunción: En los despachos oficiales se negocian a contrarreloj los términos de la salida para evitar un vacío de gobernabilidad y ordenar una transición rápida.
El aislamiento del mandatario se tornó irreversible en las últimas horas. Dirigentes legislativos y operadores partidarios dan por descontado que la suerte del Ejecutivo está sellada y solo resta definir si el desenlace se formalizará mediante una carta de renuncia voluntaria para amortiguar el impacto institucional o a través de una votación exprés en el recinto parlamentario.
Con el tablero político quebrado y la mirada de la región puesta sobre Asunción, Paraguay ingresa en una cuenta regresiva decisiva donde el desembarco de Alliana en la presidencia aparece como la única salida para cerrar la fractura abierta en el poder central.

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