Foto: La Nación
El espectáculo argentino amaneció de luto. Antonio Grimau, uno de los galanes más queridos de la televisión y un actor de enorme recorrido en el teatro, murió a los 82 años. La noticia fue confirmada este martes por la Asociación Argentina de Actores, que lo despidió con un mensaje en sus redes: destacó que construyó “una sólida trayectoria que forma parte de la historia del espectáculo argentino” y abrazó a su familia, sus amistades y sus colegas. Según trascendió después, el deceso se produjo el lunes por la noche, cerca de las 23.
El actor estaba internado desde el jueves pasado y padecía una enfermedad pulmonar intersticial difusa, conocida como EPID, un cuadro que daña el tejido que rodea a los alvéolos y dificulta la respiración. Hasta el momento no se difundió un parte médico con la causa puntual del fallecimiento. No era la primera vez que su salud preocupaba: en 2021, tras contagiarse de coronavirus, pasó casi dos meses internado, necesitó asistencia respiratoria y perdió 22 kilos. Él mismo contó que llegó a preguntarse si podría volver a caminar, y que el regreso a las tablas fue clave para recuperarse.
Había nacido el 10 de marzo de 1944 como Antonio Rebolini y llegó a la actuación casi por casualidad. Con 16 años, después de trabajar como aprendiz en una fábrica de zapatos, encontró un aviso en el diario Clarín que buscaba actores para una obra de Bertolt Brecht en el teatro Charles Chaplin de Almagro. Se quedó cuatro años allí y se formó con Juan Carlos Gené. El nombre artístico salió de una canción sobre Julián Grimau, el dirigente español fusilado por el franquismo. “Eso me salvó la vida”, repetía sobre aquel primer paso.
La popularidad llegó con la televisión. Fue el protagonista romántico de ficciones que marcaron a varias generaciones, como “Dos a quererse”, “Trampa para un soñador” y “Soy gitano”, y también pasó por “Rolando Rivas, taxista”, “Valientes” y “Herencia de amor”. En cine debutó en 1974 con “La Mary”, junto a Susana Giménez y Carlos Monzón. Pero nunca se conformó con el traje de galán: en 1990 brilló en “Los invertidos”, bajo la dirección de Alberto Ure en el Teatro San Martín, y años más tarde cumplió el sueño de hacer “Hamlet”, en el papel del rey Claudio.
La despedida de sus colegas fue inmediata. Moria Casán dio la noticia al aire en eltrece, visiblemente conmovida, y lo definió como “una persona encantadora, un artista increíble”. Lucía Galán, que compartió con él “Hello, Dolly!”, recordó que “era muy serio, pero hacía chistes muy ingeniosos”, y Arturo Puig se quebró al hablar de un amigo con el que había compartido una cena de galanes hace poco tiempo. Desde el Multiteatro lo despidieron como “un actor de raza”, y Susana Giménez, Roly Serrano y Virginia Lago también expresaron su dolor.
Detrás del éxito hubo heridas profundas. En su adolescencia perdió a sus padres y a una hermana en apenas siete meses, y en 2010 sufrió la muerte de su hijo Lucas, fruto de su relación con la actriz Leonor Manso, que tenía 36 años y atravesaba problemas de adicciones. “El teatro fue mi salvación, me dio un motivo por qué luchar”, dijo alguna vez. En 2018 vivió otro hito: se puso en la piel de Sandro en la serie “Sandro de América”, un trabajo que, según confesó, fue más de lo que había soñado.
Lejos de la idea del retiro, Grimau siguió trabajando hasta el final. En enero de este año estrenó en el Multiteatro “Vamo’ los pibes”, la obra producida por Carlos Rottemberg que compartió con Osvaldo Laport, Raúl Lavié y Osvaldo Santoro, dirigida por Federico Palazzo. En esa última etapa estaba convencido de que había que mantenerse activo para no oxidarse. Su partida deja un vacío en una generación de actores que construyó el melodrama televisivo argentino, y abre ahora una catarata de homenajes que seguramente recorrerán teatros, canales y redes en los próximos días.
Con información de TN, Clarín, La Nación y Primicias Ya


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